Hace mucho, mucho tiempo, cuando yo aún tenía un corazón tiernecito, tallé un hueco de árbol para un príncipe que vivía en un torrecaparazón inexpugnable.
Aunque aquí lo veáis tan quietecito, se mueve ¡y hasta gruñe!
Lo he probado y me he quedado fascinada, como si estuvieran haciendo magia delante de una niña pequeña, hasta estiraba la mano a ver si podía tocarlo... Me ha encantado. Además de que lo puedes hacer tuyo tuyísimo: colorear, escribir, etc.